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Cuba y Cayo Largo, experiencias de Gustavo y Macarena

30 julio 2010  |  Publicada en caribe, experiencias, Sin categoría, vacaciones, viajes largas distancias

Hemos pedido a una pareja cliente nuestra que nos envie sus valoraciones sobre el viaje que han reservado con nosotras, con la intención de que no solo quede en una conversacion, a su regreso, sino que las vivencias que han tenido en ese destino, las comparta con nuestros fans y seguidores.

Y esto es lo que nos han comentado:

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“Hola María Luisa, te paso a comentar nuestra impresión, la cual te la mando por aquí pues no tenemos facebook y además así la lees previamente:

Referente a vuestros servicios, como siempre, han sido fantásticos. Desde el primer viaje que contratamos con vosotros nos sentimos muy a gusto, pues os alejáis de lo que son las agencias mayoristas donde el cliente es algo impersonal. Evidentemente, ya nos conoces y sabes nuestros gustos y sabes asesorarnos muy bien, pero, como te digo, desde un principio nos gustó el trato personal.

En lo referente al viaje hay que ir por partes. Decir que Cuba es diferente a todo lo que hemos conocido hasta ahora y que hacer una valoración en unas pocas líneas es poco menos que imposible. Para empezar diría que toda la gente habría de visitarla alguna vez para que le cambiara un poco el concepto consumista que marca nuestras vidas. Asimismo, los Maestros sentimos envidia sana del nivel cultural de la población cubana, donde cualquier taxista, recepcionista, etc., sabe más de nuestro país que el más avanzado de nuestros actuales alumnos. En este sentido, la gente cubana es amable y gusta de charlar, ya que es su manera de informarse de lo que pasa más allá del bloqueo al que están sometidos, externamente por los Estados Unidos, e internamente por el régimen político en el que viven.

La Habana es una ciudad encantadora, aunque la primera impresión que te llevas es que aterrizas en un país en guerra. Edificios con un pasado esplendoroso, pero abandonados al paso de los años y al asedio del sol y de los huracanes. Pero eso sí, increíblemente habitados. Al segundo día empiezas a ver a la gente por las calles, bien vestidas, saludables, cultas y educadas, con lo cual ya hay algo en tu cabeza que no cuadra. Empiezas a charlar, a informarte y cada uno te cuenta la película como le va, pero siempre con un denominador común, odio a lo americano, aunque deseo de alcanzar sus costas. Lo que más nos cuesta entender es como una población tan culta aguanta estoicamente el régimen político, las condiciones de vida, etc.

Pronto te das cuenta de que allí nadie vive de lo que el gobierno le da (unos 300 pesos mensuales según ellos y una cartilla de racionamiento) y con la gracia que les caracteriza te dicen “hermano, es que aquí no hay declaración de la renta”. Total, que de una u otra forma, a veces con más pena que gloria, se van buscando la vida y aunque con el mayor de los respetos, nos ven como “monederos andantes”. Nuestros pesos convertibles (equivalentes a 24 pesos cubanos y a 0,90 Euros aprox.) nos convierten en una fuente de subsistencia importante y poco a poco, al final del día, te das cuenta de que has comprado leche en polvo (5 pesos convertibles) a alguien que se te acercaba cada vez que ibas a comprar agua (1 peso convertible). Para próximos viajeros aconsejo llevar bolígrafos, lápices, revistas, ropa y medicamentos. Serán muy bienvenidos, pues en muchos casos son extremadamente necesarios. Igualmente aconsejamos no darlos por la calle (a excepción de los caramelos y lápices). Nosotros estuvimos informándonos y al final lo dejamos en la Cruz Roja, que está en el paseo del prado, muy cerca del hotel Telégrafo, NH Parque central, Inglaterra…. Allí lo cogerán gustosamente y sabrán darle el mejor uso posible. Resulta muy gratificante ver cómo puedes ayudar a la gente y lo mucho que te lo agradecen.

Comer en la Habana es un placer, toda la Habana vieja está llena de restaurantes, sólo es cuestión de buscar un poco y no meteros en el primero, pues las joyas están más escondidas. Recomendamos el Jardín del Oriente, un restaurante de ascendencia árabe que se encuentra en la bocacalle siguiente al restaurante la Mina (si vienes desde la calle obrapía u obispos) y una cafetería que está en la esquina contraria al Hotel Ambos Mundos, donde puedes comer una ensalada de frutas y unos “sándwiches” increíbles. Todos estos tienen la misma o más calidad que los que se encuentran enfrente de la casa de los Capitanes Generales, pero son más económicos y tienen más encanto.

Respecto a lo de la Bodeguita del Medio y el Floridita, bueno son mitos, sobre todo la Bodeguita. Merece la pena ir y dejar tu firma en la pared.

Nos vamos a Cayo Largo. Lo primero para lo que hay que estar preparado es para madrugar, pues el día de salida hacia alguno de los Cayos te recogerán a las 4:00 o 4:30 de la mañana para llevarte a un aeropuerto militar (Playa Baracoa) y desplazarte en un avión bihélice, pero bastante moderno y seguro. El vuelo desde la Habana no supera los 30 minutos. Cuando te vas aproximando ya vas viendo el azul turquesa del mar y una playas solitarias. Sin duda las mejores playas que hemos visto. Una vez en el Cayo, toca descansar, desconectar e ir a Playa Sirena y Playa Paraíso. Sus nombres los dicen todo. Playas de arena blanca, finas como la harina y a poco que te muevas 50 metros desde la zona de hamacas te encontrarás sólo, como en un isla desierta, con un mar tranquilo, casi sin olas. Algo que merece la pena vivir. Lo malo es que para alcanzar estas playas o te mueves en el trenecito que ponen los hoteles, cuya frecuencia de viajes es muy baja o te alquilas un jeep (40 euros/día) o una moto (12 euros/día), pues andando supone en torno a 1,5 horas de ida y otras tantas de vuelta.

Ahora vamos con los Hoteles.

El de la Habana, el Telégrafo, genial. Su ubicación es perfecta, en pleno paseo del Prado y Avda. José Martí. A menos de 200 m. del Capitolio y por tanto, a un paseo de 2 minutos de la Habana Vieja.

Respecto a sus instalaciones son muy buenas, cómodas y perfectas para un hotel urbano en el que vas a desayunar y dormir. El desayuno es bastante bueno y el restaurante también. Igualmente tiene una cafetería abierta las 24 horas. La gente del hotel es encantadora.

Por su parte, hablando del Sol Meliá Cayo Largo, lo primero que hay que decir, aún teniendo en cuenta que estamos en Cuba, es que no responde ni a la categoría de cuatro estrellas, ni a lo que se supone que es la cadena Meliá. El hotel es pintoresco, bonito y acogedor, pero escaso en servicios. Si bien la piscina está bastante bien y las zonas comunes son bonitas, presenta bastantes carencias, las cuales son enteramente achacables a la compañía y nunca al personal, que lidia como puede con las limitaciones y es muy amable.

El principal problema del hotel es la comida, la cual además de ciertamente escasa y poco variada, no tiene todas las condiciones de salubridad que habría de tener. Esto sucede porque nos encontramos en una isla que recibe alimentos en barco no con mucha frecuencia, con lo cual no son mi mucho menos frescos. Hambre evidentemente no vas a pasar, pero no es realmente un todo incluido. Por ejemplo, si quieres agua has de comprarla, pues ellos solo te facilitan una botella al día, el Minibar de la habitación  está vacío y si no bebes alcohol lo llevas crudo, pues lo único que puedes tomar es “jugo de naranja” a base de polvos, o refrescos nacionales, que la verdad no están muy buenos. Asimismo, el agua que pides en la cafetería, snack-bar o restaurante es algo sospechosa, pues proviene de botellas que ellos rellenan (dicen de unos depósitos más grandes de agua mineral).

El  desayuno y la cena son mejores que el almuerzo, en el cual te ofrecen tres platos (pollo a la plancha, cerdo o pescado a la plancha). La fruta, la cual se limita a sandía, piña y alguna que otra vez mango, guayaba o papaya está siempre a punto de pasarse. Los productos lácteos no son muy recomendables, pues la leche nos recuerda a nuestra infancia, que ha de ser hervida antes de ser servida y como nuestra sociedad nos hizo olvidar el sabor de la leche y dejó de luchar contra las bacterias propias de la misma hace mucho tiempo, es recomendable no tomar nada que contenga leche. Yogur, alguna vez hay de fresa, pero muy, muy graso. Por su parte, batidos no hay. Conforme avanzaban los días había más gente con problemas estomacales en el hotel, lo cual te generaba incertidumbre a la hora de comer. Al final esos problemas estomacales también nos alcanzaron a nosotros y aunque es mejor no tener que asistir a él, el médico del hotel es genial.

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Por último, la playa del hotel no es muy buena, pues tiene siempre un gran oleaje y parece ser que fue destruida por un huracán no hace mucho. Aún así es el mejor hotel de Cayo Largo.

Bueno, espero que los comentarios sean de interés y ayuden a futuros viajeros. Respecto a las fotos coge la que más te guste del CD que te dejé, si quieres alguna de la Habana me lo dices (“sólo” hemos tomado 576 fotos)

Nuevamente gracias por tu atención.

Un saludo.

Gustavo y Macarena.


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Margarita, Amarga pasión

6 mayo 2010  |  Publicada en caribe, general, ocio

La histora

Existen numerosas teorías sobre los orígenes de este cóctel tan especial, si bien, la mayoría coinciden en situarlo en tierras mejicanas a mediados del siglo pasado. Quizás una de las más populares por su fuerza simbólica es aquella que narra la historia de Danny Herrera, un popular barman mejicano del Rancho La Gloria, en Rosarito, Tujiana. Su amor por Marjorie King, actriz y corista norteamericana le impulso a combinar en una mezcla aquellas sensaciones que su musa le transmitía con el objeto de conquistarla. Así Herrera, combinó una media de tequila blanco con zumo de limón, hielo y triple seco, lo coronó con sal y lo bautizó Margarita, castellanizando el nombre de la mujer que amaba. Leer el resto de esta entrada »


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